CADES

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Nuestros Pilares 

CONOCER A DIOS

 
 
 
 
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Conocer a Dios y amarle con todo nuestro corazón, alma, fuerzas y mente debe ser el principal objetivo en la vida del creyente. El estudio de la Biblia, la oración, una vida obediente y otras disciplinas espirituales son ingredientes esenciales para vivir creciendo en el conocimiento de ÉL.  Adorar a Dios implica reconocer privada y públicamente la grandeza de Dios y nuestro sometimiento a ÉL es el propósito del ser humano.La adoración está cimentada en el conocimiento profundo de él.  En la congregación se expresa, a través del culto.

AMAR AL HERMANO

 
 
 
 
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 El compañerismo cristiano es parte esencial en la vida de la iglesia. Procuramos promoverlo a través de los “Grupos con Propósito” (células) y actividades sociales esporádicas.

DISCIPULAR AL CREYENTE

 
 
 
 
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El propósito de la Gran Comisión es hacer “discípulos”, esto es, creyentes en un proceso constante de maduración y capaces de reproducirse en otros. Se logra a través de la enseñanza y del modelaje. Incluye el equipar para la obra del ministerio según los dones de cada uno.

ENVIAR AL DISCÍPULO

 
 
 
 
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La misión de la iglesia es hacer discípulos, comenzando en el ámbito local y terminando en el global. La tarea de enviar obreros a otras culturas (misiones) se realiza simultáneamente con la evangelización a nivel local/nacional. El servicio de amor a la comunidad que nos rodea es parte esencial del evangelismo.

SERVIR EN SANTIDAD

 
 
 
 
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Los creyentes en Jesús debemos reflejar su carácter santo. La santidad no es opcional. La iglesia tiene que aprender a vivir en el mundo como ciudadanos del Reino de Dios. Aunque se gesta en el interior de la persona, la santidad debe manifestarse en su comportamiento externo. La vida llena del Espíritu Santo es la provisión de Dios para vivir la vida santa, que es una vida plena. El servicio es la expresión cristiana del amor de Dios. Nuestro maestro vino para servir. Servimos a Dios (a través de la adoración), servimos al hermano (a través de los dones) y servimos a nuestros semejantes (a través del Evangelio). Se manifiesta en la iglesia a través de una actitud de humildad diligente y de obras concretas que hagan visible el amor de Dios.