DR. José R. Martínez-Villamil
Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús... Colosenses 3:17 Tras un año de ardua labor, ¡cómo nos merecemos unas buenas vacaciones! Planificamos con cuidado cada detalle y anticipamos con ansiedad este tiempo tan especial. Es bueno el descanso. Y es un regalo de Dios. Dios mismo "descansó" de su obra de creación para darnos ejemplo y recordarnos la importancia del reposo. Un reposo que nos renueva en nuestro servicio a Él. Es muy importante enfocarlo así. Ver el descanso como un regalo de Dios nos recuerda nuestra responsabilidad de administrarlo correctamente. Cuando nos vamos de vacaciones descansamos de las rutinas diarias que nos esclavizan. Pero no de Dios. No tomamos vacaciones de Dios. Porque Dios no es una rutina semanal para nosotros. Es nuestro Señor, nuestro amigo, nuestra vida... Y a Él rendimos nuestro tiempo libre. No hagamos del ocio un dios ante el cual nos inclinamos, igual que el mundo que nos rodea. Más bien honremos a Dios con nuestro tiempo libre. Que nuestras vacaciones nos hallen dedicándonos a la búsqueda del rostro de Dios, a la oración, a la lectura de la Biblia, a la meditación y al testimonio. Probablemente será lo único que haremos en nuestras vacaciones que tenga repercusiones eternas.
|
DR. José R. Martínez-Villamil
(Romanos 15:4)
La Palabra de Dios está en peligro de ser mutilada. Esta amenaza no proviene de los enemigos del Evangelio ni de teólogos liberales. El peligro al que hago referencia viene de nosotros. La peor mutilación y rechazo a la Palabra de Dios la cometemos aquellos que nos llamamos "gente del libro." Basta mirar nuestras Biblias para darnos cuenta. Mira por un momento la tuya. Aún por fuera notarás que las marcas del uso se limitan a la sección última: El Nuevo Testamento. Aquellos de nosotros que marcamos nuestra Biblia podemos observar cómo los Evangelios y las cartas se encuentran invadidos de anotaciones y marcas multicolores. No así con el Antiguo Testamento. Aquellos fascinados por la manifestación del Espíritu de Dios subra-yamos insistentemente el libro de los Hechos y I Corintios, pero desconocemos los hechos de Dios en tiempos de Josías y el mover de Su Espíritu en Elías. Sí, ya lo sé. Hay partes del Antiguo Testamento que son áridas y aburridas. ¿Pero quién dijo que tienen que ser interesantes? ¿Leemos la Biblia porque nos entretiene o porque nos ayuda a conocer a Dios...? Cuando, en menosprecio del Antiguo Testamento nos limitamos al Nuevo, menospreciamos la Palabra de Dios. Cuando tratamos a los primeros 39 libros de la Biblia (que componen más de un 80% de su contenido total) como un mero prólogo de la "verdadera historia," quitamos valor a lo que Jesús y Pablo reconocían como "las Escrituras." Nuestra comprensión del Nuevo Testamento dependerá de que entendamos el Antiguo. Pero no sólo eso. Nuestro conocimiento de Dios dependerá de nuestro estudio del Antiguo Testamento pues en él se nos revela mucho sobre el carácter y el plan de Dios. La Palabra de Dios es una y toda ella valiosa. Yo quiero la Biblia completa.
DR. José R. Martínez-Villamil
"Id por todo el mundo..." Marcos 16:15
¡Oh no! Aquí vamos otra vez. ¡Otro intento de alimentar nuestro ya engordado sentido de culpabilidad! Cuando la Gran Comisión se torna en la Gran Omisión, el mensaje implícito de nuestra desobediencia se hace tan claro que nos acusa sin necesidad de más. No es esa mi intención. Más bien quisiéramos juntos recordar las razones por las que debemos "ir." Primero porque es un mandato. Nuestra relación de siervos nos debe convertir en automáticos ejecutores de las órdenes de nuestro Señor, no por temor al castigo sino por nuestro amor a Él. Segundo, por los resultados experimentados alconocer a Jesús. Ha sido maravilloso en nuestra vida el efecto de nuestro encuentro con el Maestro. ¿No quisiéramos que otros experimentaran la misma bendición? Tercero, por el amor que sentimos por los perdidos. Al entrar en contacto con Jesús nos contagiamos del intenso amor por los perdidos que le hizo llorar sobre Jerusalén y morir en la cruz. Cuarto, por el poder del Evangelio para cambiar vidas. El dolor de aquellos que viven a nuestro alrededor, presa de los efectos del pecado, nos constriñe el corazón. ¡Cómo quiséramos verles libertados por el poder de Dios! En quinto lugar porque estamos convencidos de que existe la eternidad. Creemos que somos algo más que un efímero estuche de carne y hueso que se consume en el horno de la muerte. Somos seres de la eternidad, creados para disfrutarla con Dios. El cielo es real, también el infierno. ¿No son suficientes estas razones como para hacernos salir de nuestra comodidad, pereza y timidez y gritar a los cuatro vientos: "¡Jesus Salva!"? Yo creo que sí.
DR. José R. Martínez-Villamil
"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, Oh Dios, el alma mía..." Salmo 42:1 Dios no se ha extraviado. El Antiguo Testamento usa frecuentemente frases como "buscar a Dios," tener "sed de Dios" y "buscar el rostro de Dios." El significado es el mismo: Definen el esfuerzo anhelante del alma consumida por el deseo de encontrarse con Dios. Confesémoslo. Es una idea difícil de comprender. Es casi como si se nos hablara en otro idioma, porque es extraña a nuestra experiencia. Sin embargo, por este anhelo ardía el corazón de los apóstoles. Esta flama abrasaba el alma de los primeros cristianos. Embriagados en ella, los místicos fueron transportados en éxtasis espiritual a experiencias para nosotros desconocidas. Pero no, no nos importa... porque no lo entendemos. Sin embargo, entendemos el anhelo del amado por la amada, la espera ansiosa de la tierra árida por la lluvia, el llanto angustiante de un niño separado de su madre... ¿por qué no entender "buscar a Dios?" Quizás porque no Le amamos suficiente; o porque no es importante para nosotros conocerle intimamente. Hay quien dedica toda su vida al consagrado estudio de disciplinas humanas. Pero nosotros no somos capaces de intentar acercarnos a Dios. Nos conformamos con una rápida entrevista semanal para luego despedirnos hasta la próxima vez. Dios tiene mucho más para nosotros. Está en El. Está ahí, esperando... Ahora depende de nosotros que querramos ir a buscarle.
DR. José R. Martínez-Villamil
(Efesios 4:1-6)
Es imposible ser cristiano y no estar involucrado activamente en la vida de la iglesia local. No se puede ser un "llanero solitario:" Cristianos independientes que van a su propio aire en aras de su visión particular. Existen diferentes versiones de este tipo de creyente: El súper espiritual, para quien los otros son menos espirituales que él; el purista bíblico que aduce que su comportamiento se debe a que en la iglesia primera no existían membresía, denominaciones ni obligaciones y el anarquista evangélico, para quien la organización es algo así como un pecado mortal. Para todos estos lo importante es reunirnos a alabar al Señor el domingo. El resto de la semana es para nosotros y nuestros asuntos. Existe un elemento común entre ellos: no se comprometen con la congregación. "Yo sirvo a Cristo, no a hombres," dicen. La vida cristiana no es así. El compromiso es parte indisoluble de la vida cristiana. Compromiso con Dios y con su iglesia. Compromiso con la cabeza y con el cuerpo. Compromiso con el Salvador y con la iglesia local. Sucede aquí como en el amor. Resulta fácil decir que se ama a alguien y no estar dispuestos a comprometer la vida para siempre en matrimonio. "El amor no es un pedazo de papel," dicen. Tras la supuesta lógica del argumento se esconde un monstruoso egoísmo que saca beneficios de una relación sin comprometer su vida en beneficio de la otra persona. Es imposible ser cristiano y no estar integr ado activamente a una congregación. No se puede ser un buen cristiano sin comprometerse con la iglesia local. Lee el Nuevo Testamento. Los cristianos hemos sido llamados a adorar, servir y predicar en grupo. La ministración unos para con otros y el aprender a servir a nuestro común Señor en armonía y amor son elementos indispensables en el crecimiento cristiano. ¿Cómo se manifestará ese compromiso? Bueno, eso debe ser tema para otro día. Pero me permito adelantar que asistir regularmente, ofrendar sacrificialmente, someternos humildemente y servir espiritualmente son una buena forma de comenzar.
|
|
|
|
|
|
|
|