Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús... Colosenses 3:17 Tras un año de ardua labor, ¡cómo nos merecemos unas buenas vacaciones! Planificamos con cuidado cada detalle y anticipamos con ansiedad este tiempo tan especial. Es bueno el descanso. Y es un regalo de Dios. Dios mismo "descansó" de su obra de creación para darnos ejemplo y recordarnos la importancia del reposo. Un reposo que nos renueva en nuestro servicio a Él. Es muy importante enfocarlo así. Ver el descanso como un regalo de Dios nos recuerda nuestra responsabilidad de administrarlo correctamente. Cuando nos vamos de vacaciones descansamos de las rutinas diarias que nos esclavizan. Pero no de Dios. No tomamos vacaciones de Dios. Porque Dios no es una rutina semanal para nosotros. Es nuestro Señor, nuestro amigo, nuestra vida... Y a Él rendimos nuestro tiempo libre. No hagamos del ocio un dios ante el cual nos inclinamos, igual que el mundo que nos rodea. Más bien honremos a Dios con nuestro tiempo libre. Que nuestras vacaciones nos hallen dedicándonos a la búsqueda del rostro de Dios, a la oración, a la lectura de la Biblia, a la meditación y al testimonio. Probablemente será lo único que haremos en nuestras vacaciones que tenga repercusiones eternas.



