"Id por todo el mundo..." Marcos 16:15
¡Oh no! Aquí vamos otra vez. ¡Otro intento de alimentar nuestro ya engordado sentido de culpabilidad! Cuando la Gran Comisión se torna en la Gran Omisión, el mensaje implícito de nuestra desobediencia se hace tan claro que nos acusa sin necesidad de más. No es esa mi intención. Más bien quisiéramos juntos recordar las razones por las que debemos "ir." Primero porque es un mandato. Nuestra relación de siervos nos debe convertir en automáticos ejecutores de las órdenes de nuestro Señor, no por temor al castigo sino por nuestro amor a Él. Segundo, por los resultados experimentados alconocer a Jesús. Ha sido maravilloso en nuestra vida el efecto de nuestro encuentro con el Maestro. ¿No quisiéramos que otros experimentaran la misma bendición? Tercero, por el amor que sentimos por los perdidos. Al entrar en contacto con Jesús nos contagiamos del intenso amor por los perdidos que le hizo llorar sobre Jerusalén y morir en la cruz. Cuarto, por el poder del Evangelio para cambiar vidas. El dolor de aquellos que viven a nuestro alrededor, presa de los efectos del pecado, nos constriñe el corazón. ¡Cómo quiséramos verles libertados por el poder de Dios! En quinto lugar porque estamos convencidos de que existe la eternidad. Creemos que somos algo más que un efímero estuche de carne y hueso que se consume en el horno de la muerte. Somos seres de la eternidad, creados para disfrutarla con Dios. El cielo es real, también el infierno. ¿No son suficientes estas razones como para hacernos salir de nuestra comodidad, pereza y timidez y gritar a los cuatro vientos: "¡Jesus Salva!"? Yo creo que sí.



