"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, Oh Dios, el alma mía..." Salmo 42:1 Dios no se ha extraviado. El Antiguo Testamento usa frecuentemente frases como "buscar a Dios," tener "sed de Dios" y "buscar el rostro de Dios." El significado es el mismo: Definen el esfuerzo anhelante del alma consumida por el deseo de encontrarse con Dios. Confesémoslo. Es una idea difícil de comprender. Es casi como si se nos hablara en otro idioma, porque es extraña a nuestra experiencia. Sin embargo, por este anhelo ardía el corazón de los apóstoles. Esta flama abrasaba el alma de los primeros cristianos. Embriagados en ella, los místicos fueron transportados en éxtasis espiritual a experiencias para nosotros desconocidas. Pero no, no nos importa... porque no lo entendemos. Sin embargo, entendemos el anhelo del amado por la amada, la espera ansiosa de la tierra árida por la lluvia, el llanto angustiante de un niño separado de su madre... ¿por qué no entender "buscar a Dios?" Quizás porque no Le amamos suficiente; o porque no es importante para nosotros conocerle intimamente. Hay quien dedica toda su vida al consagrado estudio de disciplinas humanas. Pero nosotros no somos capaces de intentar acercarnos a Dios. Nos conformamos con una rápida entrevista semanal para luego despedirnos hasta la próxima vez. Dios tiene mucho más para nosotros. Está en El. Está ahí, esperando... Ahora depende de nosotros que querramos ir a buscarle.



